¿LEVANTADO O DERRIBADO?

De: Julio Pellegrin

 

“El orgullo va delante de la destrucción, y la arrogancia antes de la caída.”

Proverbios 16:18(NTV)

“…Pues los que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan serán exaltados».”

Lucas 8:14b (NTV)

Humanamente hablando, es una tendencia de cada ser humano el estar por encima de otros en deviseras áreas de la vida; debido, a que frecuentemente asociamos la idea de estar arriba, con el poder. Los que se encuentran en puestos “altos”, son quienes dominan, y ellos tienen el control; tanto así, que separamos a las personas por clases, y levantamos a unos en la “Clase Alta”, de quienes pensamos que son los más poderosos y otros en la “Clase media o baja”, quienes no tienen mucho poder. Ese es nuestro concepto. Pero Dios piensa algo diferente al respecto.

El sabio proverbista Salomón, expresa que existen dos causas del fracaso en cualquier tipo de persona: adinerada, pobre, cristiano, profesor, educador, y en absolutamente todos. Son los señores Orgullo y Arrogancia. Estas expresiones son amigos de muchos de nosotros, nos atraen y nos llaman la atención, algunos se enamoran de ellos, y otros se dejan influenciar por ellos.

Algunos dicen que ellos son necesarios para vivir, y nosotros lo vemos como expresiones tales como: “Tengo que darme mi lugar”, “Yo tengo dignidad”, “Mi opinión cuenta”. Mi amigo, todos decimos esto, todos hemos pensado así en algún momento. Nosotros pensamos que hablar y pensar así nos garantiza un alto lugar en la sociedad, prestigio, un buen nombre, porque somos los que hablamos siempre, y nunca nos callamos frente a nadie.

Siempre decimos que al fin de cuentas, lo que importa es nuestra manera de ver las cosas; pero nunca nos preguntamos si esa forma es la correcta, y nunca escuchamos por la opinión de otras personas. Si te ha pasado, bienvenido al club del orgullo y la arrogancia. Entiendo que hayas pensado así, por lo que te digo, esa no es la forma de hacer las cosas.

Salomón pudo comprender, que este carácter es aquel que te catapulta directo al fondo del pozo, Dios nos deja entender, que no todo aquel que siempre habla y nunca da su brazo a torcer, es aquel que tiene la razón y tendrá éxito. Aquel que pasa por encima del otro con tal de ganar y lograr objetivos, ese es quien va al fracaso.

Pero Dios nos muestra también la forma de tener un avance y la condición de aquellos que logran tener éxito: Están casados con la humildad. La humildad no es el sentimiento de no hablar, de no hacer nada nunca, de no tener problemas, de no decir lo pensado, de no involucrarse. A menudo tendemos a reducir la humildad a la ignorancia voluntaria, porque decimos que él humilde calla, que el humilde evita, que el humilde no refunfuña, no discute.

Pero eso no es lo que Dios quiere, sino que el propósito de Dios y Su mano en la verdadera humildad, es que sepamos cuándo hablar y cuándo callar. Cuando estamos seguros de quiénes somos y por eso no perdemos el tiempo discutiendo con quien no entiende.

La inseguridad nos hace ser orgullosos y arrogantes, nos dirige al fracaso, pero, la humildad nos lleva hacia el éxito, el éxito de tener una buena relación con Dios, y disfrutar de Él para siempre.

Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo;

1 Pedro 5:6 

Porque el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.

Mateo 23:12