EL PASAJE EN EL AUTOBÚS

De: Julio Pellegrin

«/…no fuisteis redimidos de vuestra vana manera de vivir heredada de vuestros padres con cosas perecederas como oro o plata, sino con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha, la sangre de Cristo.» 1 Pedro 1:18-19

En una oportunidad, me encontraba en un autobús de camino al lugar donde estudio, y como frecuentemente pasaba, el servicio de traslado iba muy lento. Yo estaba acostumbrado a que los buses se tardaran; pero ese día, yo quería llegar rápido a mi destino.

Ahí estaba yo, impacientándome por lo que estaba pasando, y tenía ganas de bajarme y de quedarme en cualquier lugar para buscar otro medio de traslado; pero curiosamente, en ese momento me di cuenta que ya había pagado lo que me correspondía pagar; es decir, mi pasaje de autobús estaba cancelado, por lo que, no podía bajarme ni hacer ninguna otra cosa; lo único que podía hacer, era esperar, seguir allí con el viaje super lento, porque ya había pagado.

Mi pensamiento fue: «Ya he pagado, no me puedo bajar ahora. Tengo que aguantar el viaje».

Esto me llevó a entender que nos impacientamos con mucha facilidad, y nos irritamos por cosas tan pequeñas como el hecho de que el hilo no pase por el ojo de una aguja (Esto nos hace ser personas sin seguridad). Pero a la vez, esta impaciencia viene por el hecho que nosotros estamos involucrados en lo que estamos esperando o buscando.

Es nuestra vida la que se ve involucrada, y eso nos ata, nos liga a aquello que esperamos o queremos. Es inevitable no esperar muchas horas en una fila de personas, para comprar algo, ya que, es nuestro dinero el que está en juego, por lo tanto, nos vemos ligados a estar allí soportando todo.

Lo que sucede con eso, es que estamos pagando un precio para eso que estamos esperando o haciendo en un momento dado, y no podemos dejar que ese sacrificio que estamos haciendo se quede sólo en palabras sino que queremos hacer valer nuestros derechos.

Algo similar sucede en la cruz, y con el maestro del madero.

Pedro hablando a un grupo de personas con diversos problemas, les recuerda que sus vidas deben marcar una diferencia según la fe que profesan, pero que la base para hacer eso, es mirando hacia atrás, y observando el glorioso sacrificio del Hijo de Dios, el Señor Jesucristo, en el monte de la Calavera.

 

Vivimos en un mundo lleno de problemas por todos lados, un mundo que se enfoca cada día más en el yo, y en la seguridad que yo mismo me puedo proveer, y ni siquiera hay seguridad de nada, porque en el pensamiento, siempre surgen nuevos pensamientos, por lo que, lo que hoy es, mañana no será. Así funcionan las cosas en este mundo, hoy estamos pero mañana no sabemos si estaremos; sin embargo, Dios nos ofrece una seguridad de que lo que Él ha hecho, realmente perdurará.

Jesucristo es el Señor de todo, Él es Todopoderoso, y por lo tanto, cuando El decidió hacer un pacto por nuestras vidas con su sangre, El ligó Su vida, Su poder y Su Nombre para estar a favor nuestro.

Ahora Cristo está comprometido a bendecir, permanecer cuidando y protegiéndonos de todo aquello que venga como mal para nuestra vida.

Hoy ten seguridad de esto, Dios está comprometido con cuidar de ti.

El pagó el pasaje de tu vida al cielo.

Solo debes creer en Jesús como El Señor y Salvador de tú vida, como lo dice en Romanos 10:9

(que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.)