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Génesis 37:4

Y vieron sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos; por eso lo odiaban y no podían hablarle amistosamente.

El odio es aquel sentimiento de aversión, de rechazo muy intenso, que una persona siente hacia otra o hacia algo. El odio es el sentimiento más negativo que un ser humano pueda experimentar en su vida, porque con él le desea el mayor mal posible, ya sea al sujeto u objeto odiado.

Lo contrario al odio es el amor.

Cuando alguien siente un profundo odio hacia otro o algo, es ciertamente común que decida profesárselo, manifestárselo ideando y desarrollando una venganza en su contra.

Las venganzas no son otra cosa que una reprimenda, un castigo, que se ejerce contra la persona o aquello que es objeto de odio.

Cuando sentimos odio es muy habitual que lo manifestemos con un gran enojo para aquello que nos lo despierta.

La manera de expresar el odio a alguien o a algo es a través del desprecio, que es lo mismo a no estimarlo, no tenerle consideración de ningún tipo, la murmuración o crítica, humillar, gritar, golpear.

El odio, a corto o a largo plazo, hará infeliz y triste a quien lo siente, lo aislará.
Por eso, el odio jamás conduce a nada bueno sino muy el contrario, tratemos de evitarlo.

La ira y el odio perjudican la salud física y mental de los individuos.

Causas de odio:

  • El rechazo.

  • El desprecio.

  • La humillación.

  • El bouling.

  • El maltrato físico y psicológico.

  • Pérdida violenta de un ser querido.

  • La pobreza.

  • El hambre.

  • Deseos de superioridad.

  • El abandono.

  • El fracaso.

  • La envidia.

  • Baja autoestima.

  • Entre otras.

Consecuencias del odio:

consecuencias del odio

consecuencias del odio

Nada buenas.

  • Aislamiento.

  • Infelicidad.

  • Desequilibrio mental.

  • Delincuencia.

  • Drogadicción.

  • Enfermedades tales como cáncer.

  • Guerras.

  • Homicidios y suicidios.

  • Entre otras.

Los hermanos de José le odiaban porque era el consentido de su padre Jacob, ese sentimiento les incitó a pensar en asesinarlo, como no pudieron conllevar ese hecho, decidieron venderlo a unos extraños extranjeros, sin pensar que seria del destino de aquel joven José.

El odio hizo que no tuvieran escrúpulos, nada de piedad para darle una terrible y falsa noticia a su padre, de que en vez de ellos haber vendido a su hermano, le dijeron que había sido devorado por una fiera. No les importo el dolor de José ni el que le causaban a su padre Jacob. Hasta donde llega el odio, las personas con este sentimiento son frívolas e indolentes.

Al final después vino el pago para estos hermanos, llego un tiempo que parecía no acabar jamás, de angustia, dolor, hambre que los conllevo a solicitar ayuda y a humillarse ante un gran hombre de la nación de Egipto, este hombre era nada mas y nada menos que José el hermano que habían vendido. Lo que no querían hacer cuando José era a penas un adolescente, lo tuvieron que hacer ya de adultos.

La recompensa del odio no es buena.

odio

Existe una solución para acabar con el odio.

Pero el antídoto para el odio es un verdadero refrigerio en medio de un desierto despiadado. José no solo los ayudó, los perdonó. Hubo un perdón entre hermanos.

Es necesario que perdonemos para aliviar ese sentimiento que carcome el alma. Si perdonamos hay misericordia de Dios para nosotros.

Aprendamos que perdonar no es hacerle ningún favor al otro, sino que te lo estás haciendo a ti, a ti mismo. A tu salud. A tu corazón. A tu vida. 

Jesús enseñó sobre el perdón.

Mateo 18. 23- 35

Los dos deudores

23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos.

24 Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.

25 A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.

26 Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.

27 El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.

28 Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes.

29 Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.

30 Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda.

31 Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado.

32 Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste.

33 ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?

34 Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.

35 Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.

Evita ser victima del odio.

Su hermano Stewars Pérez.